Un nuevo proyecto para apoyar la educación en Senegal

Publicado el 22 de abril de 2026, 16:32

Gracias a la iniciativa de Marisol, Helen y Faty, que se han llamado a sí mismas “Las Tres Mosqueteras”, nace un nuevo proyecto dentro de la Escuela de Idiomas Pro Bono cuyo objetivo es el de apoyar directamente la educación en Senegal.

Su primera intervención ha sido la de financiar las matrículas anuales de 92 niños de un instituto en la ciudad de Dagana (Senegal), donde una de nuestras alumnas más aventajadas, Faty Djigo, imparte clases de español y ha asumido el papel de enlace entre nuestra ONG y su país.

Aunque se trata de una institución pública, los alumnos aún tienen que afrontar un pago de 7 euros al año para consolidar su matrícula, algo que muchas familias en situación económica crítica no pueden asumir. Gracias a la iniciativa de Marisol y Helen, con el apoyo en terreno de Faty, hemos conseguido que estos 99 niños y niñas puedan acabar el curso con normalidad en vez de ser expulsados del colegio. Aquí sigue la historia de cómo se gestó este proyecto. 

Un viaje a Senegal que nos abrió los ojos

En noviembre de 2025, dos mujeres separadas por miles de kilómetros y por un océano —una residente en Zaragoza y la otra en Tenerife— emprendimos un viaje que cambiaría mucho más que nuestra mirada sobre el mundo. Lo hicimos rumbo a Senegal, de la mano de la ONG Construye Mundo y junto a otros dos voluntarios. Los cuatro compartíamos algo más que el destino: una misma sed de aventura y un profundo deseo de servir a los demás.

Antes de partir, Pilar, responsable de la organización, nos había dicho que sería un viaje transformador. Con el tiempo comprobaríamos que no se trataba solo de una intuición: era casi una certeza.

El germen de lo que vendría después comenzó a gestarse de manera natural, casi imperceptible. En las tertulias con el guía Ambroise, en las comidas, en los interminables trayectos en coche por caminos polvorientos y, sobre todo, en las noches en las que Helen y yo compartimos habitación. Entre el olor persistente del repelente antimosquitos y el cansancio acumulado del día, surgían largas conversaciones, confidencias íntimas y sueños todavía por cumplir.

Fue en una de esas noches, apenas unos días después de iniciar el viaje y tras visitar algunos de los proyectos en los que participa la ONG, cuando nació una idea sencilla pero poderosa: reunir cada año una pequeña cantidad de dinero —unos 1.500 euros— que pudiera destinarse íntegramente a apoyar iniciativas educativas en Senegal.

En realidad, algunos de los hilos que harían posible aquel proyecto ya estaban tejidos mucho antes del viaje. Yo ya llevaba llevaba tiempo impartiendo clases de español y colaborando con la ONG Escuela de Idiomas Pro Bono. Fue su fundador y uno de sus responsables, Jacinto Vidarte, quien nos puso en contacto con Faty Diélia Djigo, alumna de la escuela y al mismo tiempo profesora de español en el instituto Maître Abdoulaye Wade de Dagana, inaugurado en 2010 y situado al norte del país, a medio camino entre Saint Louis y Podor.

 

La conexión fue inmediata. Muy pronto creamos un grupo de WhatsApp que, como tantos otros, necesitaba un nombre. Y así, casi entre risas y sin imaginar todo lo que estaba por venir, nacieron Las Tres Mosqueteras.

Bastaron dos reuniones para identificar las necesidades más urgentes del centro educativo. En la tercera, la decisión fue clara: había que actuar ante la más apremiante de todas. Cerca del 25% del alumnado de primer curso —uno de cada cuatro estudiantes— estaba en riesgo de expulsión por no poder pagar la matrícula anual, fijada en 4.600 francos CFA (unos 7 euros).

Aquella se convirtió en la primera intervención de este equipo mujeres que, como los célebres personajes de Alexandre Dumas, compartimos la convicción de que la verdadera aventura consiste en proteger a los más vulnerables y tender la mano a quienes más lo necesitan. Porque a veces los grandes proyectos no comienzan con grandes planes, sino con algo mucho más sencillo: una conversación en la noche, una idea compartida y la decisión de no mirar hacia otro lado.

La iniciativa nació bajo el amparo de la ONG Escuela de Idiomas Pro Bono. Por ahora es un proyecto impulsado y gestionado por Marisol, Helen y Faty, pero con vocación de crecer, integrado plenamente en los programas de la organización y con expectativas de ampliar su alcance, pues encaja perfectamente dentro de los objetivos generales de mejora de la educación que tiene la ONG.

Marisol Mardines

 

Ayudar es nuestra motivación

 

En los tiempos que corren cuesta creer que haya cosas en esta vida que tengan mucho valor y a la vez sean gratis… pero ¡así es! Contra todo pronóstico y como una de las mejores serendipias que he experimentado en los años que tengo, un viaje a Senegal me regaló, además de momentos inolvidables, una persona. Pero no una persona al uso, no: me regaló un ser de luz que, haciendo honor a su nombre (sus progenitores seguro que se lo pondrían por un sentimiento prematuro de que su hija iba a ser especial), Marisol brilla allá donde va.

De naturaleza arrolladora, vitalidad interminable y sonrisa permanente, apareció en el aeropuerto de Barajas la que sería mi compañera de viaje y, cuando venía de frente a paso ligero, pensé: “Helen, creo que has tenido mucha suerte”. No me equivocaba. Las sinergias que se crearon durante los kilómetros senegaleses compartidos han sido nuestra fortuna. Esa unión emocional que allí nació y las ganas de ayudar que compartimos van a ser la suerte de otros que no han tenido el azar de nacer en nuestro país.

Aquí, la abajo firmante (Impaciente de nombre y Culo Inquieto de apellido) estaba dispuesta a seguir cualquier idea loca que tuviera como objetivo ayudar a los demás, así que se ofreció para compartir con confianza ciega proyectos humanitarios. Apenas habíamos empezado a esbozar ideas cuando, como caída del cielo, apareció el siguiente regalo para las dos: una casualidad hizo que Faty se cruzase en nuestros alocados caminos. Ella, senegalesa de nacimiento y con un inmenso corazón bilingüe, enseña no solo español, sino que transmite valores a todos sus alumnos del Instituto Maitre Abdoulaye Wade de Dagana.

¿Qué podría resultar de esta miscelánea? Yo os lo cuento: lo que ha surgido ha sido una aleación de tres metales fuertes y preciosos que están dando como resultado una piedra filosofal cuya única intención es AYUDAR. Por ahora, hemos empezado haciendo posible la matrícula de 99 alumnos de primer curso que no tenían la posibilidad de pagarla.

Ojalá la vida nos regale tiempo para seguir trabajando, porque ganas no nos faltan.

Helen Gaspar

 

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